Procrastinar viene de la palabra en inglés “procrastinate”, que quiere decir “aplazar”. Y aunque suena raro, es un problema más común del que pensamos. No se trata de postergar las cosas porque nos dio la gana. Sino que es como un sistema mental que nos impide realizar puntualmente lo que es importante para nuestro desarrollo.
Seguramente más de una vez nos han dejado trabajos de investigación en la escuela con mucha anticipación y recién faltando un día para la entrega los hemos iniciado. Este es un signo típico del “procrastinador”. Tiene una excesiva confianza en sí mismo y cree que trabajar bajo presión le trae buenos resultados, aunque en realidad lo llene de angustia y tensión.
![procrastinacion.jpg](https://lh3.googleusercontent.com/blogger_img_proxy/AEn0k_ujkpkc8EDCria_OjYZ-m6RIpfrjT-ZuHmcsFjl0-yyIeZMQ0ZNU3ovEVVouETUH06d03eX9roP9uhEnm-lO7eNDHY7tcSwUEb_R3u5XRUXDUM1Jbw-QFQw9plReAqhNwPRprK1zyHrdGQ=s0-d)
Algunas personas “procrastinan” porque tienen depresión. Otras lo hacen porque son amantes del perfeccionismo. Pero sea la razón que sea, este problema
daña su salud emocional,
impidiéndoles realizar incluso lo que les gusta por temor a que no les salga como quisieran.
Si te has sentido identificado con estas situaciones, es mejor hablar con alguien de confianza que te ayude a encontrar la manera de no perder la motivación y seguir adelante con tus proyectos. No dejes que comentarios equivocados afecten tu autoestima. Y sobre todo, ten confianza en ti mismo porque es lo único que puede darte la fuerza para lograr lo que te propones.
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